Es viernes 25 de julio, pleno invierno, pero el tiempo todavía acompaña. La caravana no nos dio ningún problema, más allá del tamaño. Al ser tan pequeña, teníamos la ventaja de aparcar en cualquier lugar, pero para cocinar o recargar la cámara/móvil, necesitábamos un enchufe, así que acampábamos en campings.
Aparcar en un parking con derecho a enchufe (agua, cocina, baños, etc…) está entre 30 y 60 dólares la noche. La caravana empezaba a quedarse pequeña por momentos, por lo que terminamos por dormir el resto de las noches en “cabins”. Una cabin es un mini apartamento con lo mínimo, cocina, televisión, camas y baño. Suelen rondar los 90 dólares la noche.
Normalmente en los viajes te encuentras con pueblos con nombres graciosos o como mínimo curiosos. Esta vez nos topamos con el mismísimo “Batman bridge”. Sí, como suena!
El puente cruza el río Tamar. Fue el primero en Australia (1968) en usar la técnica “cable-stayed”, esto es “puente atirantado”, donde una o varias columnas soportan el puente mediante cables. Tiene un diseño sencillo pero imponente al mismo tiempo. Con 90 metros de altura, se ve de lejos como la punta de una lanza que se acerca poco a poco.
A continuación, llegamos a la ciudad de Launceston, segunda ciudad más poblada de Tasmania, después de Hobart. Nos informamos un poco y decidimos visitar la Cataract Gorge, el desfiladero Cataract. El lugar es muy bonito y está muy bien conservado. Allí se enorgullecen de tener el telesilla más largo del mundo, 308 metros de cable. La vista desde la silla:
Una vez cruzamos el valle, estuvimos caminando por las diferentes rutas. Hizo un día estupendo, el sol a nuestras espaldas dividía el valle en dos zonas, una muy iluminada y otra completamente a la sombra. La sombra de la montaña sobre el agua crea un efecto curioso, parece que el río sea de mercurio:
En el valle nos hicimos un piscolabis, eso sí, rodeados de nuevos amigos!
El tiempo apremia y el sol no para de moverse. Nos montamos en la caravana de camino a Devonport, ciudad famosa por sus ferrys hacia Melbourne y Sydney. De qué me suena este barco?
Ese fin de semana se celebró el festival de jazz local. Hurra! Fuimos corriendo a comprar las entradas para: “Ben Jones and the great american songbook”. El grupo compuesto de piano, contrabajo, batería, saxo y clarinete interpretó con una calidad excelente un repertorio de canciones clásicas americanas. La cosa mejoró todavía más cuando introdujeron una cantante espectacular, Julie O’Hara. Su voz iluminaba el local y nos acompañó durante el resto del acto. La banda disfrutaba mientras tocaba y sabían transmitirlo al público. Disfruté cada minuto del concierto!
Algo realmente curioso y no exagero, la media de edad del público era de 70 años. Yo era con diferencia el más joven de todos! Además, la tradición del festival es llevar una bufanda amarilla y claro, ahi estaban todos los ancianitos contentísimos con sus bufandas






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